viernes, 7 de octubre de 2011

Tiempo de reflexión (holgazanería)

Viernes, 16:35

Camino a Curicó a la clínica, caminando al fin, para retirar los puntos.
Motivo: apendicitis aguda.

Una de las operaciones más simples que no dura más de veinte minutos, pero que si no es tratada en 2 días, el apéndice podría reventar, pasando a peritonitis, que sí es muy grave.
Alcancé a estar una semana, y mi apéndice no reventó. Quién sabe por qué. O Dios, o el destino, o yo mismo. A los días el doc se acerca a decirme que fue una operación complicada, que duró como 1 hora y 40'.
Una operación que jamás olvidaré, y no por lo que he dicho, sino que porque estuve despierto al menos media hora durante el proceso. El dolor estaba ausente, pero pese a todo sentía cada intervención a mi organismo. Menuda experiencia. Y es que en uno de esos pestañazos mi cuerpo tendió a contraerse, pero por suerte mi mente, aun medio adormecida, está bien entrenada.
Luego un día de desesperación en que por efectos de la anestesia (ya casi desaparecidos) no podía sentir a "mi regalón".
Fiestas patrias a puro suero... Y encima todos los días despertaba con el tentador y exquisito olor a empanadas proveniente de la panadería de la esquina. La felicidad me desbordaba cuando pude beber una taza de té. Después las comidas se hacían un manjar en los labios, la boca y el estóm... en realidad solo hasta la boca.
La recuperación continuó luego del alta progresivamente. Limitaciones físicas y alimenticias: el peor martirio para un golozo deportista.

Y al fin llega el esperado día de quitar los puntos, los ocho puntos que definen mi -ruda y sexy- cicatriz de 7 centímetros. El dolor del primer punto ya no era nada, después de haber pasado por inyecciones, cortes, extirpación, mangueras, dependencia... Pero al fin llegaba la ansiada libertad. Pseudo-libertad.

Y ahora al fin, termina la tercera semana, y ya con casi-libertad sedentaria (para evitar posible hernia), me encuentro con esta semi-entrada, y me decido a terminarla. Pero mi mente anquilosada por la falta de ejercicio más que con la anestesia, sólo quiere regalonear. Sólo quiero ir y pasar un buen rato con Lucifer, mi musculosa favorita.

2 comentarios:

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  2. Hola, mí ser un orificio que no tiene ni principio ni fin y desaparezco entre la nada, porque nunca existí.

    Deforme musculoso de dedos mutantes.

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