Esta vez algo era diferente...
Todo apuntaba a una nueva amistad esta vez inquebrantable.
Pero una vela da todo lo que tiene antes de apagarse.
Mas había una forma de mantener viva esa llama que lucía fuerte, pero cedía ante el destino, y era encender una nueva vela, dejar eso que había en su punto más alto, y de aquí comenzar una nueva relación. Pero esto no sucedía.
Fue entonces que decidí no seguir con este juego. Aquí comprendí que no puedes entregarte a alguien sin ser primero tu propio dueño.
Me corté el pelo un día al azar al estilo que yo quise. Caminé escuchando vida y besando al viento.
Comí con la mano y anduve descalzo.
Empecé a escuchar otra música. La que yo elegí. Recuperé todo lo bueno de mi pasado, para hacerlo nuevamente una parte de mí, y ya botar lo insípido del pasado. Juntar todo lo bueno de mí, y reemplazar lo malo con lo que he estimado mejor, para hacerme la persona que yo quiero y elijo. Suena bonito, ¿no? Pero no es tan fácil. Es un difícil algoritmo, el que debo recorrer mientras lo construyo. Una vez más mi mente y yo somos inseparables, pero esta vez estamos abiertos al forastero.
Y justamente llegó alguien de afuera a hacerme más fácil este trabajo.
Si queremos resolver un problema fácilmente es mejor descomponerlo en funciones. Y en este caso la recursividad en dualidad es útil. Sólo hay que definir una buena condición base. Y el problema se resolverá más fácilmente, o al menos te distraerá mientras trabaja. Como la magia.
Pero ya he resuelto el problema. Y ahora puedo decidir si quiero tenerle como amiga o no. Pero ahora me encuentro menos dispuesto. Y me siento confuso. Muy confuso. No sé que debo hacer y no haré nada hasta estar seguro. Ya pasé por una época de actuar y no fue muy productiva. Además he aprendido (y no creo que sea bueno) a quererme a mi mismo más que al resto. Y ahora en vez de empatizar tanto con los demás me preocupo de empatizar con lo más intrínseco de mí. Eso que intento obviar, y que pocas veces se ha adeñuado de mi. Y esto tampoco creo que sea bueno. Pero ya no renegaré a mi parte licantropa. Seremos uno, mas yo dominaré. El estoicismo seguirá siendo la clave.
Soy un tipo raro después de todo.
lunes, 26 de diciembre de 2011
KAT 2
Pasarían menos de 3 meses hasta que yo tomara la determinación de no perderla.
Con los temores que esto implica (principalmente al ridículo de manera personal o pública) le envié tamaño correo en el que intenté arreglar las cosas. Luego uno más en que las aclaraba (este si arrojó resultados). Y volvimos a ser amigos aunque mi confianza hacia ella era bastante menor, pero crecería con el tiempo hasta ser como antes.
Durante este periodo me transformé en una niña llorona, capaz de dar cualquier cosa por ella. Y sufrí por cada instante de ausencia. Fue un periodo de falsa felicidad autoimpuesta. Infatuación o como quieran llamarle.
Pasó un buen tiempo hasta que nos volvieramos a ver puesto que vivíamos a una distancia considerable (aunque no tan mayor).
Pese al paro estudiantil, al que no quise referirme por aquí para evitar la controversia y que nos ofrecía tiempo, no fue sino hasta algunas semanas después de mi operación que nos reunimos nuevamente.
Estuvimos saliendo unas cuantas veces.
Pasaron muchas cosas donde no pasaba nada. Aun habiendo todo.
Fue en una de esas salidas, en una que poco salimos, donde experimenté algo nuevo y único. No, no pasó lo que se imagina. Pero tuve una nube de fuego dentro de mí. Fuego que no salía. Era un lugar en el que nunca más he estado. Era la pérdida de mi corporalidad. Un lugar agotador, del cual no quería escapar. Era una explosión inminente en mi interior, que sostenía este compuesto volátil en su clímax. Repito, no pasó lo que se imagina.
Pero esto no cambiaría las cosas. Todo continuaba como en un principio, hasta que ella (esta vez me desligo de casi toda la culpa, a diferencia de la primera en que gran parte fue mía) decidió que esta amistad no debía seguir.
Esta vez no dejé ir las cosas más allá, y en unos días todo estaba arreglado.
Pero esta vez algo era diferente...
Con los temores que esto implica (principalmente al ridículo de manera personal o pública) le envié tamaño correo en el que intenté arreglar las cosas. Luego uno más en que las aclaraba (este si arrojó resultados). Y volvimos a ser amigos aunque mi confianza hacia ella era bastante menor, pero crecería con el tiempo hasta ser como antes.
Durante este periodo me transformé en una niña llorona, capaz de dar cualquier cosa por ella. Y sufrí por cada instante de ausencia. Fue un periodo de falsa felicidad autoimpuesta. Infatuación o como quieran llamarle.
Pasó un buen tiempo hasta que nos volvieramos a ver puesto que vivíamos a una distancia considerable (aunque no tan mayor).
Pese al paro estudiantil, al que no quise referirme por aquí para evitar la controversia y que nos ofrecía tiempo, no fue sino hasta algunas semanas después de mi operación que nos reunimos nuevamente.
Estuvimos saliendo unas cuantas veces.
Pasaron muchas cosas donde no pasaba nada. Aun habiendo todo.
Fue en una de esas salidas, en una que poco salimos, donde experimenté algo nuevo y único. No, no pasó lo que se imagina. Pero tuve una nube de fuego dentro de mí. Fuego que no salía. Era un lugar en el que nunca más he estado. Era la pérdida de mi corporalidad. Un lugar agotador, del cual no quería escapar. Era una explosión inminente en mi interior, que sostenía este compuesto volátil en su clímax. Repito, no pasó lo que se imagina.
Pero esto no cambiaría las cosas. Todo continuaba como en un principio, hasta que ella (esta vez me desligo de casi toda la culpa, a diferencia de la primera en que gran parte fue mía) decidió que esta amistad no debía seguir.
Esta vez no dejé ir las cosas más allá, y en unos días todo estaba arreglado.
Pero esta vez algo era diferente...
KAT 1
Han pasado ya varios días en que me he guardado todo lo que debí escribir, y no volveré atrás. La gente vive del pasado pero no debe vivir en el pasado.
Estos días he estado intentando, como algunos saben, volver a ser como era hasta hace un año, en que era responsable, en extremo altruista, optimista y práctico.
Creo que ya dí suficientes traspiés, y ya es momento de comenzar a avanzar de nuevo.
He sido bastante valiente como para perder algo que quería, aun cuando todo sugería que dimitiera.
Eso bien lo sabe Kat, que ya es hora de presentarla.
Pero a veces es preciso dejar a un lado algo que amas, no por ti, sino por esa otra persona.
Cuando insistes más allá de lo normal, hasta donde nadie hubiese llegado; cuando intentas tanto hacer que alguien se enamore de ti, que terminas tú enamorado; cuando ya ha pasado a ser una parte indispensable de ti, y veas que tú sigues siendo una persona más, con quien solo estará mientras le hagas sentir bien, y luego buscará a alguien más; es en ese instante donde debes ser capaz de botar todo por la borda. Y esto si que requiere valentía, más que dejarle en un principio o continuar por la costumbre. Y aun más, dejarle sin lograr lo que querías. Y es que si llegas a amar de verdad verás que una simple sonrisa en su cara será mucho más que toda el placer que tú pudieras recibir. Aunque claro, nunca exageres.
Kat se apareció en mi vida en el mejor momento de mi vida. Aunque en realidad se había aparecido antes.
La soñé y la pensé mucho antes de conocerla.
La vi en mi mente consciente e inconscientemente.
Sé que suena a fantasías de los cuentos de disney, pero es cierto. Ella estuvo en mi cabeza aproximadamente 2 o 3 años antes de conocerla.
Era la chica que creía perfecta en ese momento, aunque me parecía intimidante por mi precaria experiencia mundana. Y ni siquiera era una chica que encajara con los estándares de belleza actuales ni antiguos. Pero para mí si lo era. Pese a que según esta personalidad que yo le daba sería difícil que yo le gustara (personalidad que coincidía con la real).
Conocí a Kat (dani, lucifer, summer, musculosa, etc...) en mi último año de colegio, y fui uno de los pocos (muy pocos) amigos que tuvo acá en Molina.
Nuestro primer diálogo como suele suceder, fue una trivialidad. En este caso referido a unas guías de un preuniversitario.
Luego estuvimos juntos un tiempo bastante corto, en el que con menos de 2 meses de conocerla cualquiera hubiese cortado todo. Esto porque su primo la celaba por facebook, su pasado era bizarro, sus besos insípidos, sus actitudes mostraban interés personal, etc. Durante ese tiempo, en una ocasión le pregunté si creía en el destino, a lo que ella luego de dar la respuesta que da todo el mundo (de los múltiples destinos) me dijo que "[...] conocernos fue como cosa del destino, porque era casi imposible que nos vinieramos, y todo pasó tan rápido, y llegar justo a este colegio[...]", lo que me recordó mis premoniciones, que en algún momento le comenté.
En fin, seguí siendo su amigo.
Pasamos muchas cosas juntos, ya que compartíamos muchos gustos, pero eramos bastante distintos... Pero éramos lo opuesto a lo esperado.
Incluso en algún momento surgió la conclusión de que ella era la versión masculina mía y yo su versión femenina. (Ojo: no soy un afeminado ni ella una marimacha).
Éramos como Summer y Tom.
Con ella pasaría mis mejores y peores momentos.
Ella me robaría más de algún suspiro. Ella podría alterar mi corazón como nunca había experimentado y con un simple abrazo.
Pero luego del concierto de Regina, su cumpleaños, todo comenzaría a marchitarse. Yo fui un idiota, y ella indiferente. Además ella me mentiría que es una de las cosas que más detesto. Y me mintió con cosas no superficiales. Luego tras una discusión por la internet en que nos tratamos mal (sobretodo yo a ella), nuestra amistad tendría su fin "definitivo". O al menos eso era la disposición de ambos...
En este periodo escribí mis más preciadas líneas, esas que ni siquiera he publicado aquí y que sólo mis amigos conocen: "más que un 'te quiero'", "un par de líneas" y "maldita alma gemela"; y otras de menor importancia como "solo tu" y algunas más no referentes a ella ("palabras" y sin título).
Y eso sería "objetivamente" el primer periodo de amistad entre nosotros dos.
Estos días he estado intentando, como algunos saben, volver a ser como era hasta hace un año, en que era responsable, en extremo altruista, optimista y práctico.
Creo que ya dí suficientes traspiés, y ya es momento de comenzar a avanzar de nuevo.
He sido bastante valiente como para perder algo que quería, aun cuando todo sugería que dimitiera.
Eso bien lo sabe Kat, que ya es hora de presentarla.
Pero a veces es preciso dejar a un lado algo que amas, no por ti, sino por esa otra persona.
Cuando insistes más allá de lo normal, hasta donde nadie hubiese llegado; cuando intentas tanto hacer que alguien se enamore de ti, que terminas tú enamorado; cuando ya ha pasado a ser una parte indispensable de ti, y veas que tú sigues siendo una persona más, con quien solo estará mientras le hagas sentir bien, y luego buscará a alguien más; es en ese instante donde debes ser capaz de botar todo por la borda. Y esto si que requiere valentía, más que dejarle en un principio o continuar por la costumbre. Y aun más, dejarle sin lograr lo que querías. Y es que si llegas a amar de verdad verás que una simple sonrisa en su cara será mucho más que toda el placer que tú pudieras recibir. Aunque claro, nunca exageres.
Kat se apareció en mi vida en el mejor momento de mi vida. Aunque en realidad se había aparecido antes.
La soñé y la pensé mucho antes de conocerla.
La vi en mi mente consciente e inconscientemente.
Sé que suena a fantasías de los cuentos de disney, pero es cierto. Ella estuvo en mi cabeza aproximadamente 2 o 3 años antes de conocerla.
Era la chica que creía perfecta en ese momento, aunque me parecía intimidante por mi precaria experiencia mundana. Y ni siquiera era una chica que encajara con los estándares de belleza actuales ni antiguos. Pero para mí si lo era. Pese a que según esta personalidad que yo le daba sería difícil que yo le gustara (personalidad que coincidía con la real).
Conocí a Kat (dani, lucifer, summer, musculosa, etc...) en mi último año de colegio, y fui uno de los pocos (muy pocos) amigos que tuvo acá en Molina.
Nuestro primer diálogo como suele suceder, fue una trivialidad. En este caso referido a unas guías de un preuniversitario.
Luego estuvimos juntos un tiempo bastante corto, en el que con menos de 2 meses de conocerla cualquiera hubiese cortado todo. Esto porque su primo la celaba por facebook, su pasado era bizarro, sus besos insípidos, sus actitudes mostraban interés personal, etc. Durante ese tiempo, en una ocasión le pregunté si creía en el destino, a lo que ella luego de dar la respuesta que da todo el mundo (de los múltiples destinos) me dijo que "[...] conocernos fue como cosa del destino, porque era casi imposible que nos vinieramos, y todo pasó tan rápido, y llegar justo a este colegio[...]", lo que me recordó mis premoniciones, que en algún momento le comenté.
En fin, seguí siendo su amigo.
Pasamos muchas cosas juntos, ya que compartíamos muchos gustos, pero eramos bastante distintos... Pero éramos lo opuesto a lo esperado.
Incluso en algún momento surgió la conclusión de que ella era la versión masculina mía y yo su versión femenina. (Ojo: no soy un afeminado ni ella una marimacha).
Éramos como Summer y Tom.
Con ella pasaría mis mejores y peores momentos.
Ella me robaría más de algún suspiro. Ella podría alterar mi corazón como nunca había experimentado y con un simple abrazo.
Pero luego del concierto de Regina, su cumpleaños, todo comenzaría a marchitarse. Yo fui un idiota, y ella indiferente. Además ella me mentiría que es una de las cosas que más detesto. Y me mintió con cosas no superficiales. Luego tras una discusión por la internet en que nos tratamos mal (sobretodo yo a ella), nuestra amistad tendría su fin "definitivo". O al menos eso era la disposición de ambos...
En este periodo escribí mis más preciadas líneas, esas que ni siquiera he publicado aquí y que sólo mis amigos conocen: "más que un 'te quiero'", "un par de líneas" y "maldita alma gemela"; y otras de menor importancia como "solo tu" y algunas más no referentes a ella ("palabras" y sin título).
Y eso sería "objetivamente" el primer periodo de amistad entre nosotros dos.
domingo, 11 de diciembre de 2011
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