Seguía ahí, dudando. Conversando consigo misma, y simulando lo que se guardaba con esa sonrisa falaz que ya nada podía esconder. Escribía un cuento en su mente, extasiada. Lo vivía y luego lo reproducía en su mente ante la mirada abstrusa de su no-amante.
-¿Qué piensa, mi preciosa ambrosía despechada y odiosa del amor?
-Ja-ja-ja, ¡palurdo! Sigue participando, sigue teniendo sueños húmedos conmigo, que es lo más cerca que podrás estar de mí.
-¿Miedo?
-Ya quisieras.
Siguieron su improvisado camino, entre gorjeos y vientos álgidos, de esos que dicen "sí amigo, estoy tan vivo como tú o como el sol". Entre tanto, él seguía tiritando, mirando su cara taciturna sin emociones, intentando descifrarla mientras culpaba al viento de sus escalofríos.
Se detuvieron a mirar el paisaje, de belleza taciturna e inefable: ni frío ni calor, una brisa nacida de una cascada acariciaba sus rostros, un esbozo de niebla le daba un toque surrealista, y en el bosque a sus espaldas las sombras trepidantes aumentaban los escalofríos.
No, en realidad el ambiente era grácil y ordinario, pero ya podían sentirlo como en uno de esos cuentos que pocas veces fueron grabados. Ya sentían la alegría del silencio. Alegría de saber que se es libre y único, pero que no se está solo. Ese estado alienado.
-Enséñame el amor.
-¿Qué dices?
-Lo has sentido, ¿no? Dime cómo es. ¿No que te crees escritor?
-Toma- dijo, pasándole su bufanda-. Véndate los ojos.
-¿Qué harás? ¿Violarme? Jajajaja.
-Sólo hazlo...
Una vez vendada, él se le acercó por la espalda, y comenzó a susurrarle al oído.
-Conocerás el amor cuando tus sueños, con toda su magia y esplendor, se hagan prescindibles. Cuando apuestes todo o nada, por la tortura del efímero placer. Cuando el beso no sea necesario, pero satisfaga todo deseo. Cuando seas capaz de entregarte a una persona con los ojos vendados, sin miedo ni miramientos.
Conocerás el amor, cuando sueñes esta historia, y despiertes convencida de que la vida es el sueño trastornado de lo que debe ser.
sábado, 22 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
domingo, 16 de octubre de 2011
October 13th, 2010
Hoy, no. Hace dos días se cumplía un año desde aquel día. Regina Spektor vendría a Chile y nosotros estaríamos ahí para admirarla. Todo comenzó un día de julio en que, escuchándola desde hace dos semanas, Kat se enteró de que vendría. No es el momento de presentarle a ella, así que me guardaré algunas explicaciones. Las entradas estuvieron compradas dos meses antes de la función. Luego pasaron los días, tirados en el "pasto" (maleza) del colegio escuchando a Regi, después del "almuerzo" (elixir de la vida, ya que sólo servía para sobrevivir). Y así entre dibujos, palabras y emociones, llegó el ansiado día.
Nos juntamos el fin de semana anterior en su casa, y tuve las preciadas entradas en mis manos. Incluso tenían buen olor, producto del perfume que ella le roció y que las destiñó un poco, pero no tanto como para que no nos dejaran entrar el gran día.
Luego llegó el día anterior al concierto, día en que compraría los boletos para el tren, pero estaba cerrada la boletería. El otro día encargamos las entradas, y estuvimos toda la mañana estudiantil esperando a que la hora llegara. Hasta que al fin fueron casi las doce del mediodía. Entonces comenzó el plan de acción: salir del colegio sin ser vistos. Luego ir a cambiarse de ropa y emprender viaje a Santiago. En el camino íbamos descubriendo y devorando todo el arsenal de comida preparado por nuestras madres. Pues es de conocimiento público la apremiante preparación de una madre aunque el viaje sea de unas horas. Y encima llevávamos lo que prepararon las madres suya y mía.
Y al fin llegamos, pasamos el tiempo, y fuimos al lugar del concierto.
Alcanzamos a llegar cuando las filas de espera estaban formadas por no más de cinco personas cada una.
... (larga espera)
Y de pronto todos corriendo para obtener una buena ubicación.
Todos afuera estaban atentos al rescate de los mineros (no porque les importara, sino porque era el tema del momento), pero todo se hizo nada cuando con cuarenta minutos de retraso comenzó a cantar con su delicada voz, cuando sus dedos tocaron aquella dulce música de su piano, cuando todos oímos el más precioso "hola" de nuestras vidas. Y podría seguir describiendolo, pero es mejor vivirlo.
Luego a dormir...
Al otro día temprano tomamos el tren de regreso, tras un pequeño problemas al comprar los boletos, por nuestra edad. Hasta que al fin llegamos habiéndonos comido casi todo, y nos dispusimos a ir en el horario de la tarde al colegio, lugar en donde no advirtieron ni ausencia ni atraso.
Regi, te admiramos. Kat, te quiero cuanto sabes y más.
Nos juntamos el fin de semana anterior en su casa, y tuve las preciadas entradas en mis manos. Incluso tenían buen olor, producto del perfume que ella le roció y que las destiñó un poco, pero no tanto como para que no nos dejaran entrar el gran día.
Luego llegó el día anterior al concierto, día en que compraría los boletos para el tren, pero estaba cerrada la boletería. El otro día encargamos las entradas, y estuvimos toda la mañana estudiantil esperando a que la hora llegara. Hasta que al fin fueron casi las doce del mediodía. Entonces comenzó el plan de acción: salir del colegio sin ser vistos. Luego ir a cambiarse de ropa y emprender viaje a Santiago. En el camino íbamos descubriendo y devorando todo el arsenal de comida preparado por nuestras madres. Pues es de conocimiento público la apremiante preparación de una madre aunque el viaje sea de unas horas. Y encima llevávamos lo que prepararon las madres suya y mía.
Y al fin llegamos, pasamos el tiempo, y fuimos al lugar del concierto.
Alcanzamos a llegar cuando las filas de espera estaban formadas por no más de cinco personas cada una.
... (larga espera)
Y de pronto todos corriendo para obtener una buena ubicación.
Todos afuera estaban atentos al rescate de los mineros (no porque les importara, sino porque era el tema del momento), pero todo se hizo nada cuando con cuarenta minutos de retraso comenzó a cantar con su delicada voz, cuando sus dedos tocaron aquella dulce música de su piano, cuando todos oímos el más precioso "hola" de nuestras vidas. Y podría seguir describiendolo, pero es mejor vivirlo.
Luego a dormir...
Al otro día temprano tomamos el tren de regreso, tras un pequeño problemas al comprar los boletos, por nuestra edad. Hasta que al fin llegamos habiéndonos comido casi todo, y nos dispusimos a ir en el horario de la tarde al colegio, lugar en donde no advirtieron ni ausencia ni atraso.
Regi, te admiramos. Kat, te quiero cuanto sabes y más.
viernes, 7 de octubre de 2011
Tiempo de reflexión (holgazanería)
Viernes, 16:35
Camino a Curicó a la clínica, caminando al fin, para retirar los puntos.
Motivo: apendicitis aguda.
Una de las operaciones más simples que no dura más de veinte minutos, pero que si no es tratada en 2 días, el apéndice podría reventar, pasando a peritonitis, que sí es muy grave.
Alcancé a estar una semana, y mi apéndice no reventó. Quién sabe por qué. O Dios, o el destino, o yo mismo. A los días el doc se acerca a decirme que fue una operación complicada, que duró como 1 hora y 40'.
Una operación que jamás olvidaré, y no por lo que he dicho, sino que porque estuve despierto al menos media hora durante el proceso. El dolor estaba ausente, pero pese a todo sentía cada intervención a mi organismo. Menuda experiencia. Y es que en uno de esos pestañazos mi cuerpo tendió a contraerse, pero por suerte mi mente, aun medio adormecida, está bien entrenada.
Luego un día de desesperación en que por efectos de la anestesia (ya casi desaparecidos) no podía sentir a "mi regalón".
Fiestas patrias a puro suero... Y encima todos los días despertaba con el tentador y exquisito olor a empanadas proveniente de la panadería de la esquina. La felicidad me desbordaba cuando pude beber una taza de té. Después las comidas se hacían un manjar en los labios, la boca y el estóm... en realidad solo hasta la boca.
La recuperación continuó luego del alta progresivamente. Limitaciones físicas y alimenticias: el peor martirio para un golozo deportista.
Y al fin llega el esperado día de quitar los puntos, los ocho puntos que definen mi -ruda y sexy- cicatriz de 7 centímetros. El dolor del primer punto ya no era nada, después de haber pasado por inyecciones, cortes, extirpación, mangueras, dependencia... Pero al fin llegaba la ansiada libertad. Pseudo-libertad.
Y ahora al fin, termina la tercera semana, y ya con casi-libertad sedentaria (para evitar posible hernia), me encuentro con esta semi-entrada, y me decido a terminarla. Pero mi mente anquilosada por la falta de ejercicio más que con la anestesia, sólo quiere regalonear. Sólo quiero ir y pasar un buen rato con Lucifer, mi musculosa favorita.
Camino a Curicó a la clínica, caminando al fin, para retirar los puntos.
Motivo: apendicitis aguda.
Una de las operaciones más simples que no dura más de veinte minutos, pero que si no es tratada en 2 días, el apéndice podría reventar, pasando a peritonitis, que sí es muy grave.
Alcancé a estar una semana, y mi apéndice no reventó. Quién sabe por qué. O Dios, o el destino, o yo mismo. A los días el doc se acerca a decirme que fue una operación complicada, que duró como 1 hora y 40'.
Una operación que jamás olvidaré, y no por lo que he dicho, sino que porque estuve despierto al menos media hora durante el proceso. El dolor estaba ausente, pero pese a todo sentía cada intervención a mi organismo. Menuda experiencia. Y es que en uno de esos pestañazos mi cuerpo tendió a contraerse, pero por suerte mi mente, aun medio adormecida, está bien entrenada.
Luego un día de desesperación en que por efectos de la anestesia (ya casi desaparecidos) no podía sentir a "mi regalón".
Fiestas patrias a puro suero... Y encima todos los días despertaba con el tentador y exquisito olor a empanadas proveniente de la panadería de la esquina. La felicidad me desbordaba cuando pude beber una taza de té. Después las comidas se hacían un manjar en los labios, la boca y el estóm... en realidad solo hasta la boca.
La recuperación continuó luego del alta progresivamente. Limitaciones físicas y alimenticias: el peor martirio para un golozo deportista.
Y al fin llega el esperado día de quitar los puntos, los ocho puntos que definen mi -ruda y sexy- cicatriz de 7 centímetros. El dolor del primer punto ya no era nada, después de haber pasado por inyecciones, cortes, extirpación, mangueras, dependencia... Pero al fin llegaba la ansiada libertad. Pseudo-libertad.
Y ahora al fin, termina la tercera semana, y ya con casi-libertad sedentaria (para evitar posible hernia), me encuentro con esta semi-entrada, y me decido a terminarla. Pero mi mente anquilosada por la falta de ejercicio más que con la anestesia, sólo quiere regalonear. Sólo quiero ir y pasar un buen rato con Lucifer, mi musculosa favorita.
sábado, 1 de octubre de 2011
¿O no?
¿Qué hacer cuando una caricia dice más que la elocuencia?
¿Qué hacer cuando un simple abrazo expresa lo inefable?
¿Qué hacer cuando el corazón suplica por una mirada?
Cuando se hace inherente la necesidad de aquella alma amiga
Cuando la insulsa esperanza de un futuro sonriente juega a soterrar tus sentimientos
Cuando la nostalgia del momento presente acecha
¿Qué hacer cuando los mares de agua dulce dentro de ti se tornan agrios?
¿Qué hacer cuando la voluntad se tuerce en algodón de azúcar?
Yace cabizbajo el febril anhelo de las esperanzas perdidas
Dulce perfidia del destino elucubrado
El diáfano recuerdo del quimera de algún día, corre por tu cuerpo intentando encontrar tu alma perdida
El cristal del ya fué se quiebra ante el dolor
Te alimentas de los sueños derramados y de la sangre de tus ancestros
Vivimos respirando muerte
Morimos creyendo vivir
Salpicamos de prejuicios nuestro ulterior llamado a ser
La bestia de tus pesadillas vive dentro de ti
Eres esa bestia
Somos la bestia de este mundo
Cuidamos la osamenta del caído, y desterramos a los que aún están
Muerte, es lo que queda...
El fin es inminente... ¿o no?
¿Qué hacer cuando un simple abrazo expresa lo inefable?
¿Qué hacer cuando el corazón suplica por una mirada?
Cuando se hace inherente la necesidad de aquella alma amiga
Cuando la insulsa esperanza de un futuro sonriente juega a soterrar tus sentimientos
Cuando la nostalgia del momento presente acecha
¿Qué hacer cuando los mares de agua dulce dentro de ti se tornan agrios?
¿Qué hacer cuando la voluntad se tuerce en algodón de azúcar?
Yace cabizbajo el febril anhelo de las esperanzas perdidas
Dulce perfidia del destino elucubrado
El diáfano recuerdo del quimera de algún día, corre por tu cuerpo intentando encontrar tu alma perdida
El cristal del ya fué se quiebra ante el dolor
Te alimentas de los sueños derramados y de la sangre de tus ancestros
Vivimos respirando muerte
Morimos creyendo vivir
Salpicamos de prejuicios nuestro ulterior llamado a ser
La bestia de tus pesadillas vive dentro de ti
Eres esa bestia
Somos la bestia de este mundo
Cuidamos la osamenta del caído, y desterramos a los que aún están
Muerte, es lo que queda...
El fin es inminente... ¿o no?
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