Hoy, no. Hace dos días se cumplía un año desde aquel día. Regina Spektor vendría a Chile y nosotros estaríamos ahí para admirarla. Todo comenzó un día de julio en que, escuchándola desde hace dos semanas, Kat se enteró de que vendría. No es el momento de presentarle a ella, así que me guardaré algunas explicaciones. Las entradas estuvieron compradas dos meses antes de la función. Luego pasaron los días, tirados en el "pasto" (maleza) del colegio escuchando a Regi, después del "almuerzo" (elixir de la vida, ya que sólo servía para sobrevivir). Y así entre dibujos, palabras y emociones, llegó el ansiado día.
Nos juntamos el fin de semana anterior en su casa, y tuve las preciadas entradas en mis manos. Incluso tenían buen olor, producto del perfume que ella le roció y que las destiñó un poco, pero no tanto como para que no nos dejaran entrar el gran día.
Luego llegó el día anterior al concierto, día en que compraría los boletos para el tren, pero estaba cerrada la boletería. El otro día encargamos las entradas, y estuvimos toda la mañana estudiantil esperando a que la hora llegara. Hasta que al fin fueron casi las doce del mediodía. Entonces comenzó el plan de acción: salir del colegio sin ser vistos. Luego ir a cambiarse de ropa y emprender viaje a Santiago. En el camino íbamos descubriendo y devorando todo el arsenal de comida preparado por nuestras madres. Pues es de conocimiento público la apremiante preparación de una madre aunque el viaje sea de unas horas. Y encima llevávamos lo que prepararon las madres suya y mía.
Y al fin llegamos, pasamos el tiempo, y fuimos al lugar del concierto.
Alcanzamos a llegar cuando las filas de espera estaban formadas por no más de cinco personas cada una.
... (larga espera)
Y de pronto todos corriendo para obtener una buena ubicación.
Todos afuera estaban atentos al rescate de los mineros (no porque les importara, sino porque era el tema del momento), pero todo se hizo nada cuando con cuarenta minutos de retraso comenzó a cantar con su delicada voz, cuando sus dedos tocaron aquella dulce música de su piano, cuando todos oímos el más precioso "hola" de nuestras vidas. Y podría seguir describiendolo, pero es mejor vivirlo.
Luego a dormir...
Al otro día temprano tomamos el tren de regreso, tras un pequeño problemas al comprar los boletos, por nuestra edad. Hasta que al fin llegamos habiéndonos comido casi todo, y nos dispusimos a ir en el horario de la tarde al colegio, lugar en donde no advirtieron ni ausencia ni atraso.
Regi, te admiramos. Kat, te quiero cuanto sabes y más.
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