jueves, 26 de abril de 2012

Más allá del espejo

Meditaciones a la ventana.
Dudas y más dudas. Respuestas que multiplican las dudas, y una vida desperdiciándose.
¿Qué es mejor, ser bueno o ser correcto?
Porque actuar correctamente no siempre indicará hacer las cosas bien, y menos aun con bondad. Lo correcto -se supone- siempre será actuar a favor de la verdad. Pero a veces la verdad puede acarrear problemas. Y suele acaecer que esos problemas son mayores a los que sucedían (que no siempre suceden) en el caso contrario. Hay veces que es mejor guardar un secreto por el bien de alguien más. ¡Pero atentas contra el derecho de dicha persona a conocer la verdad! Pero me he dado cuenta (quizás tarde) que gran parte de la gente prefiere no ejercer ese derecho. Se hace placentero vivir en un mundo en el que todo es como yo quiero que sea (y me convenzo constantemente de ello); vivir en un mundo de plastilina en el que solo yo puedo moldearla. Y ese pensamiento crece en mucha gente. El vivir solo para el yo. Pero habemos gente que no nos gusta (ojo, que no me etiqueto de santo), habemos personas que nos gusta la verdad, el método directo, o quizás no directo, sino solo recto, así como también hay gente que no. No soy nadie para decidir que es mejor. De hecho respeto mucho a la gente (no a las ideas, ellas deben ser criticadas y corregidas de ser necesario). Y no solo respeto a la gente, sino que también me atrae. Me obsesiona el pensamiento ajeno. Quizás no fuera así si lo conociera completamente. Es más, puede que sea esa intriga la que me atrae. Es un hecho que el saber de la existencia de algo desconocido (especialmente si es prohibido) produce interés, a veces desmedido, tanto así que llega a desearse con total ahínco ese algo, hasta que se conoce y no resulta lo esperado. Como ya lo mencionó más artísticamente una eminencia, como lo es Antoine de Saint Exupery. Uno de los libros que sin duda hay que leer (y repetirse) antes de morir es El Principito. Y haré énfasis en esta ocasión al tema del que ya venía escribiendo con un ejemplo que como muchos niños, aun sin desarrollar lo suficiente las inferencias, no comprendí la primera vez que leí el libro: el caso del corderito en la caja.
En este caso se explica artísticamente (y lo repito a postas, puesto que me encanta dicho libro) parte de como somos los humanos. El principito pedía un cordero al narrador, que le entregaba un dibujo de uno. El principito no gustó del cordero, y pidió otro. Esta situación se repitió unas cuantas veces, hasta que recibió el dibujo de una caja, con el supuesto cordero dentro. Esta vez si le gustó y agradeció por el cordero. (Dejaré de desvirtuar esa gran narración, y comentaré.) Lo que había sucedido: él no quería ningún cordero que no fuera el que él quería (estas frases suenan maravillosas en esos momentos de meditación post-alcohol, que por cierto lo limito sobretodo en la parte del alcohol). A él no le gustaba el cordero si no su idea del cordero, y nos pasa a todos cuando nos obsesionamos, en especial con una persona. No es la persona, es nuestra imagen de ella. Y alimentamos esa imagen hasta hacerla ya tan fuerte y aunada a si mismo que se vuelve casi una droga, que por cierto también es tratado en el libro, llamado sutilmente como "domesticar" (caso del zorro y caso de la flor "única"), que es el momento en que cedes a la costumbre o a algo más, cuyo símbolo, palabra o frase no se me viene a la cabeza en este instante, probablemente debido a mi poco sueño que por cierto, no hace bien.
Podríamos depender de alguna otra fuente energética que no fueran los compuestos orgánicos. Hay muchas. Esto me hace recordar otro gran libro: "Yo, robot", novela de ciencia-ficción que entremezcla ciencia, lógica, humanidad, lógica, intriga, lógica, desarrollo intelectual, y por si se me olvidaba: lógica; en un kilombo extraordinario, que nos hace cuestionarnos de que es realmente correcto. Otro libro que definitivamente merece ser leído, y que guarda una serie de historias, distintas a la del film del mismo nombre, que por cierto también me encanta. Y de verdad que es una gran obra, y me gusta más puesto que mezcla perfectamente cosas que me atraen: psicología, lógica, ética, neurolinguística, programación, programación neurolinguística, etcétera. Me encantaría llegar a ser capaz de desarrollar algún día algún sistema de inteligencia artificial útil y multifuncional. Quizás eso me motiva a estudiar lo que estudio. Pero lo veo lejano (si acaso posible), puesto que ni siquiera me considero bueno programando. Prefiero no imaginarme lo que vendrá, no me gusta proponer cosas, puesto que mientras las estoy logrando decaigo en una curva logarítmica que nunca llegará a tope.
Se me acaban las cosas que escribir, o simplemente no quiero pensarlas, por lo que dejaré hasta aquí esta, mi faena (momentáneamente).
See ya!

miércoles, 25 de abril de 2012

Reenvainando la katana

Uf! Días pesados...
Y solo después de una (varias) buena caída he recapacitado.
Maldita naturaleza humana, me agradas. Maldita costumbre. (Detesto maldecir tan seguido, prefiero putear.)
Atravieso un periodo de sobrecarga. Enfrento a the boss, pero es solo el de esta etapa. Y no funciona la estrategia de golpear-huir. Supera incluso a la nes. Y obviamente no se puede guardar partida. Un paso en falso y morirás como Krillin (bueno, he dado varios y sigo aquí). Siento ganas de ceder un poco mientras descanso... Fingir lesión como los adinerados señores pseudo-deportistas de la farándula. Después de todo el gobierno premia a los vagos y la gente admira y sigue a los rebeldes contemporáneos.
Ok. Sé que no lo haré. Hay cosas que detesto, y no traiciono mis principios (que ni siquiera sé de donde salieron, pero ya son míos).
Por cierto, reviso el blog y wow!, una cascada de entradas sin terminar se despliega delante de mis pupilas color castaño y a veces miel y raramente un brillo amarillo, que hace juego con mi pelo también café (no sé si tan castaño) que frente al sol juega a mostrar locuras rubias y rojizas (que un par de seres humanos han confundido con canas, y han retirado, para el disgusto de vuestro servidor ¬¬').
Mis manos han vuelto a ser frías, pero ahora son fuertes. Creo que no solo mis manos (al fin me acostumbro al solo sin tilde).
Quiero hacer parkour. No fue muy provechoso el que me operaran a tres semanas de comenzar (jeje y sigo dandole al temita ese), pero quiero volver. It's amazing. Eso que sientes cuando estás ahí arriba. A veces cuesta liberar tu mente, y también tu cuerpo. Y aun más a tipos como yo. Pero me encanta. Lo he conocido y me gusta. Pese a los prejuicios (no veo problema a ser -algún día si la fuerza me acompaña- ingeniero y hacer parkour). Esos mismos prejuicios que alguna vez provocaron miradas extrañadas hacia mí por jugar rugby y tocar piano (tampoco le veo lo malo mientras me cuide mis dedos).
A veces (muchas veces) es bueno sacar afuera lo que tienes, pero a veces (muchas veces) es bueno guardar algo dentro. A veces crees que para comenzar a caminar debes pararte a descansar, pero solo debes seguir caminando, o sin darte cuenta serás una osamenta cubierta de tierra, que ya se hacen un solo ente, que no es ente ni es nada. Se me hacen raras estas palabras. No las usaba desde que hice llorar a una amiga cegada (de verdad cegada, no suelo poner mis ideas por sobre las ajenas, cuando se habla sobre inquietudes de aquella otra persona a menos que esté definitiva y lógicamente errada). No me gusta ser malo. Tampoco me está gustando ser muy bueno. Me gusta sonreír. Me gusta sonreír para mi y para los -las (en especial las)- demás.
Y me retiro de aquí, para dormir casi bien al menos una noche, enviándome saludos a mí mismo, que de seguro volveré a leer esto.
Buenas noches mundo, hasta mañana (6 minutos más).

lunes, 2 de abril de 2012

Un poco de palabrería

Hoy vengo a despedir la vida del iluso.

Toda mi vida me he esforzado en ser mejor. Ser mejor intelectualmente, físicamente, sentimentalmente, y en especial, ser empático. Se acabó.
Me ha tocado compartir con personas de todo tipo, ya que no suelo levantar prejuicios, y la gente me ha decepcionado a día de hoy (me incluyo).
Me he dado cuenta que las personas no quieren lo que dicen, ni dicen lo que quieren. Siempre he sido amante de la verdad, pero ya hasta dudo de su existencia. La gente no piensa en el otro. Me gustaba esa ilusión infantil de "llenar" tu vida siendo bueno. Pero no. Las personas actúan siempre velando por si mismas. Siempre se miden los riesgos, y si la posible pérdida es menor, entonces se actúa. Y por eso hay gente "buena". Porque no tienen nada que perder.
La gente persigue objetivos personales, y actúa de acuerdo a esos intereses propios. Nadie da lo que necesita, a menos que reciba algo mejor. La gente no actúa de frente. Buscan la persuasión y disuasión indirectamente, hasta lograr cumplir sus metas. "Vamos a ver una película" nunca ha significado querer ver una película. La gente calla lo que piensa. Quizá por eso mismo el pelambre es tan común, porque la gente no quiere hablar de lo que en realidad es, y en cambio hablan de lo que creen que son los demás. Y así, la sociedad se vuelve una ruin mentira, y caras que evanescen intentando convertirse en una sola y no tener que cargar con decir lo que se es. De ahí que se existan las ya no tan de moda "tribus urbanas". Resulta fácil darse a conocer como con personalidad, escondido tras una tendencia: somos los vividores, somos los sentimentales, y por supuesto, somos los rebeldes.
En lo personal, soy una cortina. Una cortina muy gruesa escondiendo a un animal enjaulado. Un animal manso al principio, de blanco corazón. Demasiado blanco. Y ahora hasta me avergüenza. Ese ser puro -que ni con mucho esfuerzo logro recordar, y solo recuerdo cuando creí que seguía siéndolo- fue una fácil presa del mundo, que fue tiñendo su corazón hasta transformarlo en lo que siempre temía (no digo odiar puesto que en ese entonces el odio no existía). Y ese dulce cachorro se transformó en una bestia sedienta de sangre, una bestia que sin embargo no se permitió matar, solo para que su (nunca) presa se convirtiera en su verdugo.
He usado gente, y he sido usado. He golpeado y me han golpeado. Y aunque mi conciencia está bastante limpia, he de reconocer que no soy el ejemplo de ser humano que he mostrado a muchos. Mi peor parte se la he dado a conocer a la peor persona que he conocido, la que más quiero y con quien más me he divertido.
Me he equivocado. El amor y la muerte son muy parecidos. Maldita "cosa" mística que me acompañaba y me hizo errar, te extraño. Ahora te necesito. Creo poder entenderte. He retirado la venda de mis ojos, y estoy liberando al animal, ya no donde sus agresores, libre. Libre de verdad.
Se acabaron los juegos ridículos.
Y por cierto, me olvidaba. Soy un tipo raro en mala, pero gracias.