lunes, 2 de abril de 2012

Un poco de palabrería

Hoy vengo a despedir la vida del iluso.

Toda mi vida me he esforzado en ser mejor. Ser mejor intelectualmente, físicamente, sentimentalmente, y en especial, ser empático. Se acabó.
Me ha tocado compartir con personas de todo tipo, ya que no suelo levantar prejuicios, y la gente me ha decepcionado a día de hoy (me incluyo).
Me he dado cuenta que las personas no quieren lo que dicen, ni dicen lo que quieren. Siempre he sido amante de la verdad, pero ya hasta dudo de su existencia. La gente no piensa en el otro. Me gustaba esa ilusión infantil de "llenar" tu vida siendo bueno. Pero no. Las personas actúan siempre velando por si mismas. Siempre se miden los riesgos, y si la posible pérdida es menor, entonces se actúa. Y por eso hay gente "buena". Porque no tienen nada que perder.
La gente persigue objetivos personales, y actúa de acuerdo a esos intereses propios. Nadie da lo que necesita, a menos que reciba algo mejor. La gente no actúa de frente. Buscan la persuasión y disuasión indirectamente, hasta lograr cumplir sus metas. "Vamos a ver una película" nunca ha significado querer ver una película. La gente calla lo que piensa. Quizá por eso mismo el pelambre es tan común, porque la gente no quiere hablar de lo que en realidad es, y en cambio hablan de lo que creen que son los demás. Y así, la sociedad se vuelve una ruin mentira, y caras que evanescen intentando convertirse en una sola y no tener que cargar con decir lo que se es. De ahí que se existan las ya no tan de moda "tribus urbanas". Resulta fácil darse a conocer como con personalidad, escondido tras una tendencia: somos los vividores, somos los sentimentales, y por supuesto, somos los rebeldes.
En lo personal, soy una cortina. Una cortina muy gruesa escondiendo a un animal enjaulado. Un animal manso al principio, de blanco corazón. Demasiado blanco. Y ahora hasta me avergüenza. Ese ser puro -que ni con mucho esfuerzo logro recordar, y solo recuerdo cuando creí que seguía siéndolo- fue una fácil presa del mundo, que fue tiñendo su corazón hasta transformarlo en lo que siempre temía (no digo odiar puesto que en ese entonces el odio no existía). Y ese dulce cachorro se transformó en una bestia sedienta de sangre, una bestia que sin embargo no se permitió matar, solo para que su (nunca) presa se convirtiera en su verdugo.
He usado gente, y he sido usado. He golpeado y me han golpeado. Y aunque mi conciencia está bastante limpia, he de reconocer que no soy el ejemplo de ser humano que he mostrado a muchos. Mi peor parte se la he dado a conocer a la peor persona que he conocido, la que más quiero y con quien más me he divertido.
Me he equivocado. El amor y la muerte son muy parecidos. Maldita "cosa" mística que me acompañaba y me hizo errar, te extraño. Ahora te necesito. Creo poder entenderte. He retirado la venda de mis ojos, y estoy liberando al animal, ya no donde sus agresores, libre. Libre de verdad.
Se acabaron los juegos ridículos.
Y por cierto, me olvidaba. Soy un tipo raro en mala, pero gracias.

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