miércoles, 31 de agosto de 2011

Mucho que callar...

Anoche como siempre pensaba... y pensaba...
Pero esta vez pensaba en las cosas que pienso en las noches. Y las que piensa cada cual. Muchos sueñan antes de dormir. Sueñan como sería la vida si se hubiese tomado otra decisión, como sería todo de haber tomado otro camino. Sueñan con esa utopía que jamás será, y luego de día tiemblan antes de tomar cualquier decisión. Temen tomar esa decisión que tanto anhelan, solo por no romper el esquema de la normalidad impuesta. Y todo queda ahí, en la confidente de telas que acurruca cada noche.

Pensaba también en los otros que escriben lo que sienten. Se desahogan con el papel creyendo que sus palabras son únicas. Quizás yo también lo sea. pero no dejo soterrados mis deseos luego de plasmarlos en papel. No bastan las palabras bonitas. Pero tampoco basta llorar o sonreirle al papel. El papel es solo eso: papel. Hablan de sentimientos y emociones como si a alguien le importara. El mundo ya está hastiado de poetas llorones y de cursilería barata. El arte de escribir es hacer sentir al lector las palabras. Transformar su conciencia en el universo de tu ser. Que viva en tu cuerpo mientras te arrimas a su mente. Y permanecer en ese instante, dudando de su existencia. Y todo arte es igual: la música, la pintura... incluso la vida. Debes atreverte a mezclarte. Entrar en el otro, dejando tu huella, dejando un estigma. Dejar las dudas un momento y saltar al vacío. Debes ser uno solo y todos a la vez, y en toda índole de cosas. Conocer gente, y no discriminarlas por su origen. Practicar un deporte. Romper ese cristal que te separa del "yo puedo".
Comprende: la vida no está hecha para entenderse, la vida está hecha para vivirse. Y sólo cuando exhales ese hálito fatal, sabrás que entendiste la vida, ese furtivo y deseado sentido de la vida: vivir.

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