jueves, 4 de agosto de 2011

Camino a estudiar

Hoy como muchos días he tenido que viajar en minibús. Pequeña suerte de "paseo" diario que nunca está exento de complicaciones.
Todos lo han hecho alguna vez, y conocen, por tanto, todas (o muchas) las vicisitudes que aquí se presentan.
El primer desafío es encontrar una "micro" donde tengas cabida, o hacerte cabida en donde puedas, o donde quieras (nótese que es siempre hay una ubicación en la cual te sientas más "acogido").
Si no te has caído por la primera acelerada, que nunca espera, te arrimas al "fierro" o pasamanos, en el cual no duras ni dos minutos, pues luego te sujetas de algún asiento cercano. Allí esperas a llegar a tu destino, sujetándote para no fustigar al panoli que escucha "música" (por llamarla de alguna manera) a volumen máximo.
Si tienes suerte encontrarás asiento. Pero esto no te salva de sus propios infortunios. Suele suceder que se desocupa el asiento del lado derecho que va justo sobre la rueda y quedas sentado con las rodillas en el pecho. Un grave problema si es que llevas mochila, pues para poder ponerla en tus piernas, liberas el pie izquierdo, que estorba el pasillo al punto que te patearán al menos tres veces por cada diez minutos.
En cambio, si te ubicas en los de la izquierda, estarás con la incertidumbre de quien te acompañará en esta odisea. Y siempre la niña bonita ocupará el de atrás tuyo, de modo que el tuyo será el disponible para la señora regordeta que probablemente traerá una cantidad infinita de bolsos, que parece la hubiesen largado de casa y lleva sus bártulos. Pero no, sólo son las compras del día.
Y los diseñadores de asientos, en su excelsa creatividad, no encontraron nada mejor, que hacer los asientos de la micro juntos y angostos de manera que te pierdes en tu ingente acompañante, y en cambio, los puestos en el cine son separados, y no puedes abrazar a tu novia hasta terminada la película.
Y finalmente, luego de estar ahogándose entre la gente, acaecerá ese gran momento: la bajada. Y es aquí donde el verdadero reto te hace frente. Primero haces el ademán de querer bajar un poco antes para advertirle a tu acompañante de que el fin se acerca para ti. Analizas la situación, examinas los escollos entre tú y la puerta, cada simple obstáculo interviniendo tu camino, y entonces emprendes el camino a la libertad: ¡Permiso! ¡Permiso!...
Tras esquivar a todas las personas que ocupan ambos lados del pasillo que mide a lo más 50 cms. Girando al lado que prefieras, y apurando o demorando a conveniencia, logras llegar donde la eminencia, el señor chofer.
Una vez ahí solicitas con la mayor elocuencia y cortesía posible que te deje en el paradero que ya crees no alcanzarás a arribar, pero que con su delicadeza al frenar logra detenerse, para que acto seguido te exijan el pase estudiantil de rebaja, además de reclamarte por viajar sentado (desafiando tu calidad de persona).
Tras un movimiento ninja que la práctica te ha enseñado, muestras tu tarjeta, y te dispones a bajar. Saltas de la escalera porque en caso contrario aceleraría apenas uno de tus pies estuviera en el piso, y respiras el aire puro y fresco, ahora libre de hedor.
Y ya has pasado la prueba. Prepárate para el regreso.

EADLV

1 comentario:

  1. para que no ocurra eso no sólo ejercita tu mente sino exageradamente ejercita tu cuerpo de forma que sea imponente para quien ose denigrarte por el tener una vida amarga y penosa le de ese miedo profundo por ser encarad0 por alguien inmenso ..siempre es así

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