Un poco de suciedad. El sabor salado del sudor mezclándose con la tierra agria. Sangre brotando de una ceja mientras el estómago cruje como la madera al romperse. Ni hablar de los huesos que acallan sus quejidos frente al suplicio constante. La ortiga parece algodón sobre la piel. El aliento frío de un cuerpo en llamas recorre un camino de tortura. Los párpados se cierran a su voluntad, a la espera de que salgas victorioso del infierno. No hay lágrimas ni oraciones, solo está la mirada furiosa del alma que se atrevió a correr cuando le obligaban a caminar:
Felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario